BAJO EL TECHO DE DIESTE Y EL OLVIDO ESTATAL: EL DRAMA DE MARIO, SU PAREJA Y UN BEBÉ POR NACER

Bajo el ala de ladrillo del histórico Gimnasio Municipal, Mario y su pareja embarazada resisten el frío y la indiferencia. A pesar de los pedidos desesperados a la Intendencia y al MIDES, la respuesta sigue siendo el silencio, mientras el sistema amenaza con llevarse a su hijo apenas nazca.

La arquitectura de Eladio Dieste es famosa por sus curvas de ladrillo que parecen desafiar la gravedad, pero para Mario Patiño y su compañera, esas mismas curvas son hoy el único techo que separa su vulnerabilidad del cielo abierto. Hace dos meses que el «ala» del Gimnasio Municipal de Artigas se convirtió en su hogar. Allí, donde la ingeniería uruguaya es motivo de orgullo internacional, una mujer con ocho meses de embarazo duerme sobre el cemento, esperando un milagro o el 21 de este mes, lo que llegue primero.

Mario, oriundo de Canelones pero artiguense por adopción desde hace 12 años, relata con voz quebrada que no están allí por elección. «No es porque queramos, es porque no tenemos una mano», confiesa. El frío de las noches se combate con mantas y el cuerpo mismo; cuando llueve, el ritual es el de la supervivencia: Mario se ubica bajo la caída del agua para tapar a su mujer y evitar que la humedad adelante un parto que ya de por sí es de riesgo.

La crónica de sus días es un peregrinaje de puertas cerradas. Mario cuenta que habló con el Intendente, a quien le suplicó por una casa abandonada, ofreciéndose a arreglarla y pagar los gastos poco a poco. La respuesta fue un «no hay posibilidad». También recordó una promesa de vivienda que Valentina Dos Santos le habría hecho hace cuatro años, cuando las crecientes del río los expulsaron de las cercanías de la cancha de Chaná. Desde entonces, el tiempo pasó, pero las soluciones nunca llegaron.

La tragedia de la pareja no es solo el hambre, que mitigan con las viandas del comedor municipal y lo poco que Mario recauda en la plaza. El verdadero dolor es la ausencia. Hoy, sus dos hijos mayores, de cuatro y un año, están en Paysandú con su abuela. Tuvieron que entregarlos bajo un acuerdo judicial para evitar que el INAU los institucionalizara, debido a la falta de un techo digno. Ahora, la sombra del hospital los aterra: si el bebé nace y ellos siguen en la calle, el sistema se los llevará directamente desde la sala de maternidad.

Mario no oculta su pasado. Reconoce tener cinco antecedentes penales, pero defiende con dignidad su presente: «Hace dos años que estoy en libertad, estoy limpio, quiero salir adelante con mi señora». A pesar de estar a metros del SECOED, donde las autoridades se reúnen para gestionar las crisis del departamento, nadie se ha arrimado a las curvas de Dieste para preguntar cómo sobrevive una mujer embarazada a la intemperie.

El pedido es uno solo y no es una dádiva: es una oportunidad. Mario está dispuesto a trabajar «de lo que sea» con tal de tener un rincón tranquilo donde su hijo pueda quedarse con ellos. Mientras tanto, el reloj biológico sigue su curso y el 21 de mayo se acerca, amenazando con ser el día en que la arquitectura de Artigas sea testigo de otra familia rota por la falta de un hogar.

By clicregional.com

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