En una movida que sacudió el tablero africano, Estados Unidos lanzó una ofensiva con misiles en Nigeria tras denunciar la persecución de cristianos en la región.
El presidente Donald Trump confirmó a través de sus redes sociales que dio la orden de atacar objetivos estratégicos del Estado Islámico (ISIS) en el noroeste de Nigeria. Según el mandatario, la operación militar es una respuesta directa a los recientes asesinatos de civiles cristianos, calificando el ataque como un acto de justicia internacional necesario en estas fechas. Aunque Washington no dio cifras exactas de bajas, se habla de múltiples objetivos destruidos en las filas yihadistas.
El operativo se da en un contexto de altísima tensión, donde Estados Unidos busca marcar presencia en una zona rica en hidrocarburos y tierras raras. Nigeria, por su parte, se limitó a hablar de «operaciones conjuntas» para no quedar como que le pasan por arriba a su soberanía, mientras la comunidad internacional mira de reojo este nuevo despliegue de fuerza de la Casa Blanca en suelo africano. Muchos analistas locales sostienen que esta es la forma que tiene Trump de mostrar que «está de vuelta» y que no va a dudar en usar el garrote si siente que los intereses o los valores que él defiende están bajo amenaza.
Lo que queda claro es que este ataque no es un hecho aislado. Se mete de lleno en la interna de una región que viene muy castigada por la violencia religiosa y la pobreza. El Pentágono aseguró que los drones y misiles fueron «de precisión», pero en las zonas rurales de Nigeria el miedo a una escalada es total. Con esta jugada, el gobierno yanqui le manda un mensaje no solo a los terroristas, sino también a otras potencias que quieren meter la cuchara en África. Habrá que ver cómo sigue la película, pero por ahora, el ruido de los motores de los cazas es lo único que se escucha en el norte nigeriano.
