Una histórica disputa por 237 km² en la frontera entre Artigas y Santana do Livramento, donde Brasil construyó una usina eólica, reaviva la tensión diplomática entre Uruguay y el gigante norteño.
La diplomacia uruguaya y brasileña se encuentran nuevamente abocadas a la mesa de negociaciones por una antigua disputa territorial que involucra a una porción de 237 kilómetros cuadrados conocida como el Rincón de Artigas. Este territorio, ubicado actualmente en Santana do Livramento, Brasil, pero reclamado por Uruguay, ha cobrado relevancia tras la reciente construcción de una usina eólica por parte de Eletrobras, con una inversión de aproximadamente 2 billones de reales y capacidad para abastecer a un millón y medio de habitantes.
La discusión sobre la soberanía de esta área, señalada en Google Maps con una línea punteada que indica zonas con disputas fronterizas no concluidas, no es nueva. Se remonta a 1988, cuando las cancillerías de ambos países comenzaron las conversaciones. Sin embargo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay reavivó el debate a principios de este mes con la emisión de una nota oficial.
Desde Itamaraty, el Palacio de Itamaraty, la sede de la diplomacia brasileña, se busca resolver la situación por la vía diplomática, apelando al «buen relacionamiento de años entre los dos países». No obstante, Brasil ha dejado en claro su postura de no ceder el territorio.
El argumento uruguayo se basa en la premisa de que los límites entre ambos países fueron trazados erróneamente hace más de cien años. Uruguay sostiene que el área en disputa le pertenece y busca reabrir la discusión de un tratado que, según afirman, fue cancelado en su momento por políticos brasileños influyentes.
La presencia de la moderna usina eólica en el centro de la controversia agrega una nueva capa de complejidad a esta «novela de la diplomacia», como fue calificada por un corresponsal de CNN Brasil. La comunidad internacional sigue de cerca este diferendo que pone de manifiesto la sensibilidad de las cuestiones limítrofes, incluso en una región históricamente unida por lazos culturales y económicos, como lo demuestra la «frontera seca» entre Rivera y Santana do Livramento.
