Cada 9 de enero se conmemora el Día Mundial de la Electricidad Estática, una fecha destinada a divulgar y concientizar sobre un fenómeno físico cotidiano, muchas veces imperceptible, pero que puede tener efectos que van desde una leve sacudida hasta riesgos mayores.
La electricidad estática es un fenómeno que se produce por la acumulación o exceso de cargas eléctricas en un material aislante que se encuentra en reposo. Aunque no se conoce con precisión el origen de esta efeméride, la fecha suele asociarse a las bajas temperaturas del mes de enero, condiciones que favorecen la aparición de este tipo de descargas.
Es una situación frecuente en la vida diaria: tocar una superficie metálica, rozar una manija o incluso dar la mano y sentir un pequeño “toque” eléctrico. Ese efecto se conoce como electricidad estática y ocurre cuando dos objetos entran en contacto y luego se separan, provocando que sus superficies adquieran una carga eléctrica denominada triboeléctrica, también conocida como carga estática o de contacto.
Desde el punto de vista científico, la electricidad estática se genera cuando se produce un desequilibrio entre las cargas positivas y negativas de un átomo. Este fenómeno fue estudiado desde la antigüedad. Uno de los primeros antecedentes se remonta al filósofo griego Tales de Mileto, quien observó la electricidad estática al frotar un trozo de ámbar contra lana.
La palabra triboelectricidad proviene del griego tribein (frotar) y elektron (ámbar), reflejando el origen histórico de estos estudios y su relación directa con la observación experimental.
Si bien la acumulación de potencial electrostático suele manifestarse en descargas leves, como una pequeña sacudida, también puede generar chispas capaces de provocar incendios en determinadas condiciones. Por eso, el Día Mundial de la Electricidad Estática invita no solo a conocer este fenómeno, sino también a tomar conciencia sobre su presencia y sus posibles efectos en la vida cotidiana.
