
Al menos 60 personas permanecen desaparecidas tras el naufragio de una embarcación tipo barco-barcaza en el río Congo. Las autoridades locales desplegaron operativos de búsqueda en una zona marcada por la precariedad en el transporte fluvial y la falta de controles de seguridad.
Un trágico naufragio ocurrido en las últimas horas en el río Congo dejó un saldo preliminar de más de 60 personas desaparecidas, según confirmaron autoridades provinciales. La embarcación, una barcaza utilizada para el traslado de pasajeros y cargas, se dirigía hacia una comunidad ribereña cuando, por causas que aún se investigan, perdió estabilidad y terminó hundiéndose en medio de la noche.
Los equipos de rescate, conformados por guardacostas locales y voluntarios de las aldeas cercanas, trabajan contrarreloj para localizar sobrevivientes. Las labores se ven dificultadas por la fuerte corriente del río y la ausencia de equipamiento adecuado, una problemática frecuente en la región. Hasta el momento solo se logró rescatar a un número reducido de pasajeros, mientras continúan emergiendo relatos que dan cuenta de que el barco iba sobrecargado.
El desastre avivó el debate en la República Democrática del Congo sobre la seguridad en el transporte fluvial, un medio esencial para comunidades aisladas, pero que opera en condiciones muy precarias. Organizaciones civiles remarcan que episodios similares se repiten cada año debido a la falta de fiscalización, el mal estado de las embarcaciones y la escasez de chalecos salvavidas para los pasajeros.
Las autoridades anunciaron la apertura de una investigación para determinar responsabilidades y evaluar eventuales fallas en los permisos de navegación. Mientras tanto, familiares de los desaparecidos esperan noticias en los puertos y aldeas cercanas, con creciente angustia ante el paso de las horas.
El gobierno congolés declaró que reforzará los controles en las rutas fluviales y enviará asistencia a las familias afectadas. Sin embargo, en la zona persiste la sensación de que las medidas llegan tarde para quienes aún no aparecen. El naufragio vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de mejorar la seguridad en un transporte vital para millones de personas, pero que sigue expuesto a riesgos evitables.
